EL PASEO DE LOS CANADIENSES: Amelia Noguera Mi abuela decía que una guerra no la gana nadie. Que de todos los bandos lo único que queda son muertos. Mi abuela era una mujer sabia. Leo El paseo de los canadienses y llego a la misma conclusión. Pero el libro/testimonio de Amelia Noguera me hace aprender algo más: que la fortaleza de las mujeres es inagotable, no entiende de clases. Sin ellas la guerra sería solo destrucción, injusticia, violaciones, humillación, muerte… pero ellas surgen de la miseria para sobrevivir a la barbarie, porque en ellas está la Vida. Porque no entendemos de bandos sino de muertos, de relaciones que se afianzan en la solidaridad. Que la justicia es otra cosa, que no lleva armas sino palabras y hechos surgidos de las entrañas. Ellas, las que no aparecen en la historia la han escrito desde sus pucheros vacíos, sus costuras, sus remiendos, sus abrazos sin por qué. Y de las que escribieron se corrió un tupido velo. Pero hasta las piedras hablan cuando s...
ResponderEliminarHay libros que precisan de un tiempo, de una estación, de un lugar concreto para poder saborearlos en su inmensidad. No es imprescindible que así sea, pero sin duda alguna realza los aromas que emanan de sus páginas.
Ahora que el frío se aposenta en Barcelona y la humedad cala nuestros huesos, Ritos funerarios de Hannah Kent es aún más tentador.
Hannah nos adentra en esta magistral novela con crueldad y belleza, pues uno no exime de lo otro, en la historia real de la última mujer decapitada en la Islandia del siglo XIX. Perfectamente documentada, exquisitamente escrita, las miserias humanas, los prejuicios, emergen en un paisaje helado y tétrico. Ser o no culpable deja de ser en las primeras páginas un detalle relevante. De ahí que podamos disfrutar la historia sin más expectativas que el placer, que es lo máximo que podemos pedir.
Agnes, quien espera la hora de su ejecución, lo hará confinada en la granja de un matrimonio y sus dos hijas. La espera del dictamen, la relación con la familia, cómo sobrevivir a la agonía, al desprecio, al ser mujer… Porque no es lo mismo ser una jovencita cándida que una mujer madura. Ni mucho menos ser hombre (los otros dos acusados). La inquisición se cebará sobre ti porque de algo serás culpable. ¿Juicio justo? Cuántas veces cae en el vacío la palabra justicia… La mujer no tiene maldad o puede ser diabólica, no hay término medio. Pero los matices son los que llenan la vida llevándonos a veces a extremos que no hubiéramos considerado para volver a un equilibrio, si es posible.
Busca una tarde fría y gris, acomódate porque no podrás dejar de leer, y cuando acabes no olvides que seguimos siendo el demonio.
“Dicen que debo morir. Dicen que le robé el aliento a unos hombres y que ahora ellos deben robarme el mío. Supongo, entonces, que todos somos llamas de vela, brillantes de grasa, parpadeando en la oscuridad y en el aullido del viento, y en la quietud de la habitación escucho pisadas, pisadas espantosas que se acercan, que vienen a apagarme y a sacarme la vida del cuerpo en forma de corona de humo gris. Me fundiré con el aire y con la noche. Nos pagarán a todos, uno a uno, hasta que quede únicamente su luz, bajo la que se ven ellos. ¿Dónde estaré yo entonces?” p.19
KENT, Hannah. Ritos funerarios. Barcelona: Alba Contemporánea, 2014. Traducción Laura Vidal
Precio: 19,50€